Fotografías de estudio, un posible mal recuerdo

Aunque no todo el mundo se presta para tener una fotografía de estudio, si quieres ser algo en la vida debes por lo menos tener una, y no nos referimos a la que ya tienes con tu traje de comunión, esa no cuenta. Si todavía no tienes por lo menos una más, ahí van algunos consejos para tener presentes a la hora de seleccionar a tu fotógrafo para el momento tan especial.

El set debe ser natural, nada de montajes artificiales ni conjuntos de bodegón de los años 60, se lleva el mundo urbano, por eso o naturaleza viva o urbanita, nada de montajes con mesas, sillas y fuentes o bandejas. En el campo o en la ciudad. La playa también puede ser usada, siempre que no te metas en el agua, es muy hortera ver como la gente estropea sus trajes y vestidos porque el fotógrafo quiere verlos mojados. ¡Moja tú la cámara!

Nunca intentes conseguir un resultado profesional con animales de por medio porque al final terminarás perdiendo la paciencia, por eso lo mejor es descartarlos desde el primer momento para evitar problemas. Tendrás que repetir muchas veces hasta conseguir algo decente, por lo tanto y como el tiempo corre en tu contra, más tiempo más caro, con que aparezcas tú es más que suficiente.

No olvides pasar antes por un/a estilista o peluquero/a, porque si es importante tu traje o vestido mucho más es la apariencia, así que prepáralo todo bien, primero estilista, luego traje y luego a por las fotos.

De igual modo el día es muy importante, intenta buscar un horario de mañana, no muy pronto por lo que sobre las 11 estaría muy bien, no te acabas de levantar y no estás cansado/a como por la tarde, estás en la mejor hora del día para que tu cutis luzca bien y joven. Y si puede ser un día de vacaciones saldrás estupenda/o, porque lo mejor para nuestra cara es no tener que ir a trabajar un día.

Y cuando llegue el momento, no olvides esto, no te fíes de las improvisaciones pues las carga el diablo. Mira lo que pasa si no nos crees.

Fotografías de estudio, un posible mal recuerdo.

Fotografías de estudio, un posible mal recuerdo.

Aquí podemos apreciar a un señor que deseaba tener una foto de estudio y tras enseñársela a su pareja terminó divorciado. Esto es lo mínimo que te puede suceder si haces caso a las improvisaciones del fotógrafo. No es su vida la que corre peligro, es la tuya, por eso no permitas bajo ningún concepto que te la destroce porque pretenda comprobar una de sus ocurrencias.

Sin duda podrían incluir a este señor en el número uno del ranking de disfraces de una noche de juerga, porque lo lleva todo incorporado, incluida la botella que tras bebérsela puede reutilizar como la mayoría de los conductores de camiones.

Igual para el fotógrafo tiene significado, pero en nuestro mundo, peces, pan y lo que parece vino no tienen un final muy feliz, al final el protagonista muere.

Por eso lo mejor es dejar de lado las ocurrencias, buscar poses naturales e intentar sonreír, porque para llorar ya podrás hacerlo tras mirar las fotos o tras recibir el recibo del fotógrafo. Consejo final, por lo menos espera a coger el recibo tras mirar las fotos, igual ni lo tienes que coger.